La abstinencia de alcohol, también conocida como síndrome de abstinencia alcohólica, es un conjunto de síntomas físicos y psicológicos que se presentan cuando una persona que consume alcohol de forma habitual deja de hacerlo o reduce significativamente su consumo.
El síndrome de abstinencia alcohólica puede variar en intensidad, desde leves molestias hasta un cuadro grave llamado delirium tremens, que puede poner en riesgo la vida del paciente.
Causas del Síndrome de Abstinencia Alcohólica
La principal causa del síndrome de abstinencia alcohólica es la dependencia al alcohol. El cuerpo se adapta al consumo regular de alcohol, desarrollando una tolerancia y una dependencia física a la sustancia. Cuando se deja de consumir alcohol, el cuerpo experimenta una serie de cambios fisiológicos y psicológicos que pueden ser muy desagradables.
Síntomas del Síndrome de Abstinencia Alcohólica
Los síntomas del síndrome de abstinencia alcohólica pueden comenzar entre 6 y 72 horas después de la última ingesta de alcohol y pueden durar hasta una semana o más. Los síntomas más comunes incluyen:
- Temblores
- Sudoración
- Nerviosismo y ansiedad
- Insomnio
- Náuseas y vómitos
- Aumento del ritmo cardíaco
- Presión arterial alta
- Aumento de la temperatura corporal
- Convulsiones
- Delirium tremens
Delirium Tremens
El delirium tremens (DT) es una complicación grave del síndrome de abstinencia alcohólica que puede poner en riesgo la vida. Se caracteriza por:
- Confusión y desorientación
- Alucinaciones visuales y auditivas
- Agitación extrema
- Fiebre
- Taquicardia
- Hipertensión arterial
Los pacientes con síndrome de abstinencia alcohólica grave o delirium tremens deben ser tratados en una unidad de cuidados intensivos hasta que estos síntomas remitan.
Tratamiento del Síndrome de Abstinencia Alcohólica
El tratamiento del síndrome de abstinencia alcohólica se centra en aliviar los síntomas y prevenir complicaciones. El tratamiento puede incluir:
- Tiamina IV para prevenir la encefalopatía de Wernicke.
- Benzodiazepinas o fenobarbital para tratar la agitación y/o las convulsiones.
Las personas tolerantes al alcohol suelen presentar tolerancia cruzada con otros fármacos utilizados con frecuencia para tratar la abstinencia (p. ej., benzodiacepinas). Las benzodiacepinas son el pilar del tratamiento. La dosificación y la vía de administración dependen del grado de agitación, los signos vitales y el estado mental. El diazepam, administrado en una dosis de 5 a 10 mg IV o por vía oral cada hora hasta que se produzca la sedación, es una intervención inicial de rutina; el lorazepam, 1 a 2 mg IV o por vía oral, es una alternativa. El clordiazepóxido, 50 a 100 mg por vía oral cada 4 a 6 h, con disminución gradual ulterior, es una alternativa más antigua aceptable para los casos menos graves de abstinencia.
Se puede indicar fenobarbital en dosis de 10 mg/kg (peso corporal ideal) IV como alternativa, o en combinación con benzodiazepinas si estas solas son ineficaces, pero el uso concomitante conlleva el riesgo de depresión respiratoria. Asimismo, se puede utilizar carbamazepina, gabapentina o ácido valproico (en ausencia de enfermedad hepática o embarazo) como complemento de las benzodiazepinas o cuando estas están contraindicadas.
Las fenotiazinas y el haloperidol no se recomiendan al inicio porque pueden bajar el umbral para las convulsiones. En los pacientes con trastorno hepático importante, se prefiere una benzodiacepina de acción corta (loracepam) o una metabolizada por glucuronidación (oxacepam). (NOTA: las benzodiacepinas pueden causar intoxicación, dependencia física y abstinencia en pacientes con trastorno por ingestión de alcohol; por lo tanto, no deben continuarse después del período de desintoxicación. La carbamacepina, 200 mg por vía oral 4 veces al día, puede utilizarse como alternativa y, después, disminuirse en forma gradual).
Para la actividad hiperadrenérgica intensa o para reducir las necesidades de benzodiazepinas, se puede indicar un tratamiento a corto plazo (12 a 48 h) con dosis ajustadas de beta-bloqueantes (p. ej., metoprolol, 25 a 50 mg por vía oral o 5 mg IV cada 4 a 6 h) y clonidina en dosis de 0,1 a 0,2 mg IV cada 2 a 4 h, pero solo como un complemento y si es absolutamente necesario.
La presencia de una convulsión, si es breve y aislada, no precisa tratamiento específico; sin embargo, algunos médicos administran en forma sistemática una dosis única de lorazepam, 1 a 2 mg IV, como profilaxis contra otra crisis convulsiva. Las convulsiones reiteradas o de larga duración (es decir, > 2 a 3 min) deben tratarse y a menudo responden a lorazepam, 1 a 3 mg IV. El uso sistemático de difenilhidantoína es innecesario y es poco probable que sea eficaz. El tratamiento ambulatorio con difenilhidantoína rara vez está indicado para pacientes con convulsiones simples por abstinencia del alcohol cuando no se ha identificado ninguna otra fuente de la actividad convulsiva, porque las convulsiones aparecen sólo por el estrés que causa la abstinencia del alcohol y porque los pacientes que están en el proceso de la abstinencia o que son bebedores intensivo no toman la medicación anticonvulsivante.
El delirium tremens puede ser letal y, por lo tanto, debe ser tratado de inmediato con dosis altas IV de benzodiazepinas, de preferencia en una unidad de cuidados intensivos. La dosificación es mayor y más frecuente que en la abstinencia leve. Pueden necesitarse dosis muy altas de benzodiazepinas y no hay una dosis máxima o un régimen terapéutico específico. El diazepam, 5 a 10 mg IV, o el lorazepam, 1 a 2 mg IV cada 10 min, se administra según sea necesario para controlar el delirio; algunos pacientes precisan varios cientos de miligramos durante las primeras horas. En pacientes con síntomas graves, la evidencia sugiere que los regímenes de dosificación de diazepam que comienzan con 10 mg IV y en los cuales luego se duplica la dosis cada 10-15 minutos hasta que el paciente está sedado son eficaces. Los pacientes que no responden a las dosis altas de benzodiacepinas podrían responder al fenobarbital, 120 a 240 mg IV cada 20 minutos según sea necesario; sin embargo, si el fenobarbital se administra después de las benzodiacepinas, la depresión respiratoria puede ser significativa. Como alternativa, puede utilizarse fenobarbital como primer agente.
El delirium tremens (DT) grave resistente a fármacos puede tratarse con una infusión continua de lorazepam, diazepam, midazolam, propofol o dexmedetomidina, en general con ventilación mecánica concomitante. Las restricciones físicas deben evitarse si es posible para reducir al mínimo la agitación adicional, pero no debe permitirse que los pacientes escapen, se retiren las vías IV o pongan en peligro sus vidas. Debe mantenerse el volumen intravascular con líquidos intravenosos y se debe administrar tiamina de inmediato. La temperatura considerablemente elevada en el delirium tremens es un signo de mal pronóstico.
Consejos para Dejar de Consumir Alcohol
Dejar de consumir alcohol puede ser un proceso desafiante, pero es posible. Aquí hay algunos consejos para ayudarte a dejar de beber:
- Busca apoyo profesional: Un terapeuta o un grupo de apoyo puede brindarte orientación y apoyo durante el proceso de dejar de beber.
- Identifica los desencadenantes: ¿Qué situaciones o personas te hacen querer beber? Una vez que identifiques tus desencadenantes, puedes desarrollar estrategias para evitarlos o manejarlos.
- Establece metas realistas: No intentes dejar de beber de la noche a la mañana. Comienza con pequeñas metas y ve aumentando gradualmente tu abstinencia.
- Encuentra actividades saludables para reemplazar el alcohol: Dedica tiempo a actividades que disfrutes como el ejercicio, la lectura o pasar tiempo con amigos y familiares.
- No te rindas: Si recaes, no te desanimes. Aprende de la experiencia y vuelve a intentarlo.
Dejar de beber puede ser un proceso complejo que requiere tiempo, esfuerzo y apoyo. Es importante buscar ayuda profesional si estás luchando contra la dependencia al alcohol.
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