Megalofobia: el miedo a las cosas grandes

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¿Sientes ansiedad cuando estás cerca de alguna cosa grande, como un avión, un camión, un monumento o incluso un edificio enorme? En ese caso, quizás sufras de megalofobia, un tipo de fobia específica menos conocida para la mayoría.

fobia a las cosas grandes - Cómo saber si tienes megalofobia

Las fobias pueden ser muy limitantes e interferir en la vida cotidiana de quienes las padecen. ¿Cuándo podemos hablar de fobia? Cuando sentimos un miedo irracional y desmesurado hacia algo (aunque no represente un peligro real, como puede ser el miedo a los espacios abiertos o a aquellos cerrados, en el caso de quienes padecen claustrofobia, o la fobia a las palabras largas...) y evitamos a toda costa entrar en contacto con ello.

En este artículo te contamos los síntomas, las causas y el tratamiento para la megalofobia.

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Tipos de fobias

Hay tres tipos de fobias:

  • Social
  • Agorafobia
  • Específica

Cuando una fobia se manifiesta como una ansiedad intensa dirigida hacia un objeto o situación concreta nos encontramos ante una fobia específica, como es el caso del trastorno psicológico conocido como megalofobia.

A su vez, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, clasifica las fobias específicas por subtipos:

  • Fobia a los animales (zoofobia, que incluye, por ejemplo, el miedo a las arañas y la fobia a los insectos).
  • Fobia a la sangre, las heridas, las inyecciones o los vómitos (emetofobia).
  • Fobia relacionada con el entorno natural (tormentas, alturas o el mar, como en la talasofobia).
  • Fobia situacional (a los aviones, los ascensores o las multitudes, como en la enoclofobia).
  • Otros tipos de fobias (como la amaxofobia, la acrofobia, la tanatofobia).

Además, de las fobias específicas más comunes mencionadas, hay personas afectadas por otro tipo de fobias específicas más raras, como la tripofobia (miedo a los patrones repetitivos).

Qué significa megalofobia

Mega significa grande y fobia significa miedo, por lo tanto, la megalofobia es el miedo a lo grande.

Megalofobia: los síntomas

Si bien el concepto de tamaño es relativo, hay cosas que todas las personas tenemos claro que son de grandes, como una grúa, un rascacielos, un barco o algunas montañas.

Quienes tienen fobia a las cosas de gran tamaño sienten terror ante estos objetos y experimentan en su presencia diversos síntomas:

  • Ataques de pánico o ansiedad ;
  • Sudoración excesiva ;
  • Mareos ;
  • Náuseas
  • Respiración irregular ;
  • Ritmo cardíaco acelerado .

Ejemplos de megalofobia

Algunas fobias derivadas de la megalofobia:

  • Miedo a los árboles grandes ;
  • Miedo a las montañas muy grandes ;
  • Miedo a los grandes edificios y casas , y en general a las grandes construcciones como grandes edificios y rascacielos;
  • Miedo a los grandes monumentos (obeliscos, fuentes, etc.);
  • Miedo a las grandes estatuas ;
  • Miedo a las grandes máquinas ;
  • Miedo a los grandes barcos .

Por lo tanto, cualquier cosa que tenga grandes dimensiones puede desencadenar una intensa reacción física y psicológica que desembocará en episodios de miedo irracional.

Megalofobia: las causas

El miedo a las cosas grandes, como ocurre con otras fobias, puede estar relacionado con una combinación de factores. Por ejemplo:

  • Traumas previos sufridos por la persona ;
  • Comportamiento en respuesta a los padres y cuidadores o aprendido de ellos ;
  • Una vulnerabilidad temperamental a experimentar trastornos de ansiedad con mayor intensidad .

Las fobias no siempre se diagnostican. A menudo ocurre que la persona que la sufre adopta un comportamiento evitativo que, si bien en un principio parece proporcionarle alivio, en realidad desencadena un mecanismo dañino que llega a minar su autoestima.

De hecho, evitar el objeto o situación de lo que genera fobia no solo contribuye al autoconvencimiento de estar experimentando un peligro real, sino de que no se está a la altura de afrontarlo.

Tratamiento para la megalofobia

Algunas fobias resultan complicadas de tratar porque no son provocadas por algo concreto, sino por temas más abstractos. Sin embargo, siempre es posible ir al psicólogo y ponerse en tratamiento. En el caso de la megalofobia, una fobia específica, la terapia, sin duda, será de gran ayuda.

Cuando una fobia altera el curso normal de la vida y la rutina diaria de una persona, es necesario buscar ayuda.

En el caso de la megalofobia, imagina que en el recorrido hacia el trabajo hay zonas de grandes edificios, ¡o peor!, que la oficina del trabajo de tus sueños esté en un rascacielos, que tus vacaciones se vean limitadas por miedo a ir en un barco etc., un psicólogo puede ayudarte a tratar una fobia.

Megalofobia y terapia cognitivo-conductual

Entre las terapias psicológicas utilizadas, una de las más frecuentes para el tratamiento de la megalofobia, y las fobias en general, es la terapia cognitivo-conductual. En este tipo de enfoque se utiliza, por ejemplo, la técnica de exposición. La persona se expone gradualmente a la situación u objeto que le genera miedo, con el objetivo de reducir progresivamente la ansiedad que le evoca.

La técnica de exposición se adapta a distintos tipos y grados de fobia y puede realizarse tanto en exposición en vivo, exposición en imaginación, exposición en realidad virtual... Por ejemplo, en el caso de la megalofobia, el paciente no tiene por qué enfrentarse a objetos grandes durante la terapia.

Así, se pone en práctica la exposición imaginativa, en la que el paciente imagina precisamente que está en presencia del objeto fóbico y lo describe con la mayor precisión posible. Según el caso, la exposición puede ser gradual (la persona se expone a situaciones que evocan niveles crecientes de ansiedad) o por inundación o implosión.

Las técnicas más utilizadas en psicoterapia para tratar una fobia incluyen:

  • Desensibilización sistemática ;
  • Exposición exteroceptiva ;
  • Técnicas de relajación .

Como hemos mencionado, la fobia surge de la asociación de un objeto o situación con emociones como la ansiedad y el miedo. Iniciar terapia ayudará a comprender mejor este mecanismo y acompañar a la persona que sufre de fobia hacia una mayor toma de conciencia para gestionar y superar el problema.

Cómo saber si tienes megalofobia

“La megalofobia es una fobia específica, por lo que antes de definir qué es, es conveniente saber que es una fobia. La fobia específica es el miedo o ansiedad intensa y de manera persistente y desproporcionada, que se da en presencia o anticipación de algún objeto o situación concreta. En el caso de la megalofobia, se da un miedo atroz a las cosas de gran tamaño como un avión, un rascacielos o una estatua como, por ejemplo, la Estatua de la Libertad”, nos comenta la psicóloga Rocío Hernández, de entornopsicologos.com.

¿Cómo se manifiesta esta fobia?

La experta nos detalla que la megalofobia se manifiesta a nivel fisiológico como cualquier otra fobia, con altos niveles de ansiedad, presentando así síntomas como sudoración, taquicardia, náuseas, temblores, elevación de la tensión arterial y dificultad para respirar. “Sin embargo, a diferencia de otras fobias, a nivel de pensamiento, las personas que sufren megalofobia tienen miedo de ser aplastados por un objeto gigante, a que les coma un animal grande o a caerse desde una gran altura, entre otros. Por todo esto, la persona tiende a evitar exponerse a todas esas cosas que teme, por miedo a experimentar estos síntomas, interfiriendo significativamente en su vida cotidiana”, cuenta.

Nos encontramos, por lo tanto, ante un problema que puede afectar a la calidad de vida de quien lo padece. “La megalofobia es un problema que genera un gran malestar en las personas que lo padecen y repercute de forma negativa en su día a día, ya que es prácticamente inevitable cruzarte con objetos grandes, ya sea un edificio, un barco o cualquier monumento que sea más grande de lo normal en una ciudad”, nos explica la psicóloga, que añade que es por esto, y por lo comentado anteriormente, que la persona tiende a evitar enfrentarse a esos objetos y limita su actividad diaria, ya sea porque no visita sitios que le gustaría, porque a la hora de ir a trabajar tiene que hacer una ruta más larga de lo normal para no cruzarse con nada grande o por el simple hecho de tener perfectamente planificado de antemano todos los lugares a los que ir para no cruzarse con algo temido. “En algunas ocasiones, condiciona a la persona a vivir en un medio rural para facilitar no cruzarse con nada grande o incluso, en aquellas personas que viven en ciudades, les lleva a no salir de casa, faltando así al trabajo, a los estudios o evitando salir con los amigos por esta causa”, afirma.

Cuáles son sus causas

Siempre tendemos a buscar las causas, ¿cuáles son en este caso concreto? “Tener en cuenta que, al igual que en otras fobias, no existe un único factor que la provoque. Una de las posibles causas es la herencia genética por parte de algún progenitor que padezca algún tipo de fobia similar. Otro de los factores que se contemplan, es que sea una conducta aprendida, es decir, que de pequeño se haya tenido alguna experiencia negativa, de carácter traumático, con un objeto de gran tamaño. La megalofobia también se asocia a sensación de inferioridad generado por situaciones de insuficiencia o necesidad en la infancia”, explica Rocío Hernández.

Una vez que confirmamos el diagnóstico, ¿cómo debemos actuar?

En opinión de la experta, lo ideal para personas que sufren de megalofobia, dada la limitación que supone en el día a día, es acudir a un profesional de la salud mental. “En primer lugar, habría que explorar cuáles son las causas en cada caso concreto, para poder elaborar una intervención totalmente individualizada para la persona. En líneas generales, lo ideal es realizar una intervención completa, teniendo en cuenta los tres aspectos más importantes de la psicología. Por un lado, tendríamos la intervención a nivel conductual, que se centra en dotar a la persona de estrategias de afrontamiento para ir poco a poco enfrentándola al estímulo fóbico, a partir de la exposición gradual y controlada; por otro lado, la intervención cognitiva, que se centra en el análisis y modificación de los pensamientos y creencias con respecto a lo temido; y por último, el trabajo a nivel emocional, para descubrir y reprocesar de dónde viene dicho miedo”, sugiere.

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