La presencia de malestar emocional, definido como la percepción subjetiva de una disminución en el bienestar, puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades mentales, especialmente en personas con vulnerabilidades biológicas y psicosociales. Estudios recientes indican que los servicios de atención primaria reciben un número cada vez mayor de personas que presentan malestares que no cumplen con los criterios diagnósticos de una enfermedad, ya sea mental o física. Este fenómeno es más frecuente entre las mujeres.
Este artículo presenta un estudio cualitativo realizado en centros de atención primaria de la Ciudad de México, que explora el malestar emocional de un grupo de mujeres y sus percepciones y experiencias en torno a la atención recibida. El objetivo es identificar las necesidades de atención de este grupo de mujeres.

El Malestar Emocional en las Mujeres
Las participantes del estudio, con edades entre los 17 y los 70 años, manifestaron sentirse intranquilas, nerviosas, irritables, desesperadas y/o con cambios constantes en el humor. Algunas presentaron quejas físicas como dolor persistente en todo el cuerpo, cansancio físico y mental, dolores de cabeza, insomnio, temblor en las manos y presión alta. Estos malestares se asociaban a preocupaciones como problemas en casa, exceso de responsabilidades, falta de recursos económicos, violencia intrafamiliar, abuso sexual y vivir en ambientes inseguros.
Se observó que el malestar emocional se relaciona con etapas específicas del ciclo vital. Las adolescentes lo asociaron a problemas escolares, pleitos con los padres, consumo de drogas y alcohol, y embarazos no deseados. Las mujeres adultas lo relacionaron con la carga de trabajo cotidiano, conflictos con los hijos y la pareja, y hacerse cargo de los padres. Las mujeres de la tercera edad expresaron preocupación por sus "achaques" asociados al envejecimiento y enfermedades crónicas, así como por la soledad y el abandono.
Percepciones y Vivencias en la Atención Primaria
Las mujeres del estudio tenían clara la oferta de servicios en los centros de salud, pero consideraban que la consulta médica no era el espacio adecuado para hablar de sus preocupaciones del día a día. Los tiempos de consulta eran cortos y percibían que los médicos no tenían las habilidades ni el conocimiento necesario para atender sus necesidades.
Las mujeres no hablaban directamente sobre sus malestares por vergüenza o miedo a ser regañadas o juzgadas. También observaron que el personal de salud no siempre les preguntaba sobre su vida cotidiana, sus preocupaciones o su estado de ánimo. La atención se centraba en los síntomas físicos y en concluir rápidamente la consulta.
Cuando las mujeres sí mencionaban sentirse tensas, estresadas, nerviosas o tristes, la respuesta más frecuente era la prescripción de medicamentos, desde antiácidos y analgésicos hasta fármacos para dormir o para la depresión. Otra recomendación común era la incorporación a grupos de crónicos degenerativos.
El estudio también identificó una atención "informal" que brindaban las enfermeras y trabajadoras sociales, basada en la experiencia de vida y la solidaridad de género. Esta atención se otorgaba gracias a la confianza y la empatía que se habían desarrollado entre el personal y las pacientes.

Necesidades de Atención
Las mujeres expresaron la necesidad de contar con un especialista en salud mental, preferentemente un psicólogo en cada centro, para atender sus problemas cotidianos. También manifestaron la necesidad de recibir información sobre temas como el cuidado de los hijos, la depresión, la violencia familiar, las drogas y otros.
Además de estas necesidades explícitas, el análisis del estudio reveló necesidades subyacentes relacionadas con la relación cotidiana con el personal del primer nivel y con el funcionamiento del mismo. Las mujeres necesitaban una escucha más sensible y empática por parte del personal, especialmente de los médicos. También necesitaban espacios privados para hablar de temas "personales e íntimos".
Los resultados del estudio ponen de manifiesto la necesidad de cambios en el primer nivel de atención para atender adecuadamente el malestar emocional en las mujeres. Es necesario sensibilizar y capacitar al personal sobre el impacto de los sucesos de la vida cotidiana en la salud, así como sobre la importancia de escuchar situaciones más allá de la queja médica o somática. Se debe integrar la detección del malestar emocional y su atención como objetivo del programa de salud mental.
Realizar estas acciones y escuchar lo que se oculta detrás del síntoma permitiría comprender mejor las necesidades de las mujeres y brindar una atención más acorde con ellas. Esto podría disminuir la "hiperfrecuentación de los servicios de atención primaria", que genera sufrimiento para las pacientes, frustración en el personal de salud y un impacto económico para el sistema sanitario.
Es fundamental que el sistema de salud mexicano reconozca el malestar emocional como una problemática real y compleja que afecta principalmente a las mujeres. Es necesario que se implemente una atención integral que aborde no solo los síntomas físicos, sino también las causas subyacentes del malestar, incluyendo las condiciones de género y las circunstancias socioculturales. Solo así se podrá brindar una atención efectiva y digna a las mujeres que buscan ayuda en los centros de salud de primer nivel.
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