Por qué el bostezo es contagioso: Descifrando el misterio del bostezo
El fenómeno del contagio del bostezo es un tema que genera división entre investigadores científicos, ya que su comprensión completa no está clara y existen diferentes teorías. Si vemos que alguien bosteza, generalmente nosotros lo hacemos también. Y ocurre incluso sin que estemos cansados.
¿Qué es un bostezo?
Bostezar es abrir involuntariamente la boca y realizar una inhalación profunda y prolongada de aire. Hay diferentes causas que pueden provocar un bostezo: por ejemplo, la más habitual es la somnolencia o cansancio. Pero existen otras poco frecuentes, como la reacción vasovagal (estimulación de un nervio llamado nervio vago), la epilepsia, la esclerosis múltiple, reacción a ciertos medicamentos o problemas con el control de la temperatura corporal (poco frecuente).
¿Por qué se contagian los bostezos de unas personas a otras?
Se han propuesto varias teorías para explicar el motivo por el que los bostezos pueden ser contagiosos. Aquí hay algunas posibles explicaciones respaldadas por estudios científicos:
La teoría de la empatía: el cerebro simula el bostezo
Teoría de la empatía. Esta teoría sugiere que el contagio del bostezo está relacionado con la capacidad de los seres humanos para experimentar empatía. Según esta idea, cuando vemos a alguien bostezar, nuestro cerebro "simula" la acción y activa los mismos circuitos neuronales responsables del bostezo, lo que nos lleva a bostezar también.
Varios estudios han encontrado una correlación entre la capacidad de empatía de una persona y su probabilidad de contagiar bostezos. Sin embargo, esta teoría también cuenta con detractores. El doctor Andrew Gallup, un psicólogo de la Universidad de Nueva York, llevó a cabo una investigación sobre la conexión entre la empatía y el bostezo. "Seguimos sabiendo relativamente poco sobre por qué bostezamos. Varios estudios hablan de que hay una relación entre el bostezo contagioso y la empatía pero, los resultados apoyando esta teoría son diversos e inconsistentes", dijo Gallup a la BBC.
La teoría de compartir las emociones
Teoría de compartir las emociones : Elisabetta Papalagi, del Instituto de Ciencias Cognitivas y Tecnologías de Roma, presentó un estudio en el que defendía que el contagio del bostezo se trata de un mecanismo para compartir las emociones. La científica italiana, junto a otros colaboradores, recopiló diferentes causísticas y variables, como las relaciones de los sujetos entre sí -si se conocían o no, si eran amigos, familiares, compañeros de trabajo...-, los países de origen, géneros o incluso los estilos del bostezo (bostezar con la boca abierta, tapándose la boca...).
El equipo científico elaboró un modelo estadístico basado en sus datos y comprobó que efectos de cada variable influían en el contagio de bostezos. Según el estudio, publicado en el diario PLoS ONE, el vínculo social resultó ser un predictor de respuesta al bostezo de otra persona.
La teoría de la sincronización del cerebro
Teoría de la sincronización del cerebro. Esta teoría sugiere que el contagio del bostezo puede estar relacionado con la sincronización de la actividad cerebral entre las personas.
Se ha demostrado que las regiones del cerebro involucradas en la generación del bostezo, como el córtex motor primario, están sincronizadas entre individuos que experimentan el contagio.
Estudios de neuroimagen funcional han respaldado esta idea, mostrando una activación similar en las áreas cerebrales relacionadas con el bostezo tanto en la persona que bosteza como en la que lo contagia.

La teoría de la comunicación no verbal
Teoría de la comunicación social. Esta teoría sugiere que el contagio del bostezo puede ser una forma de comunicación no verbal entre los individuos. En muchas especies animales, el bostezo es una señal de estado de ánimo o niveles de alerta, y se ha propuesto que el contagio del bostezo puede servir como una forma de comunicación similar en los seres humanos.
A través del contagio, podríamos transmitir información sobre nuestro estado emocional o nivel de fatiga a otros miembros de nuestro grupo social.
Tener en cuenta que la investigación sobre el contagio del bostezo aún está en curso, y se necesitan más estudios para comprender completamente los mecanismos detrás de este fenómeno. Las teorías mencionadas anteriormente proporcionan una base para comprender el contagio del bostezo, pero no son las únicas explicaciones propuestas hasta ahora.
Referencias
Georgina M. Jackson et al. A neural basis for contagious yawning. Current Biology. August 2017 DOI: 1016/j.cub.2010062
Platek SM, et al. (2003). "Empathy and the Neural Substrates of Bystander Yawning". In: Emotion. 3(4): 388-39
Norscia I, et al. (2011). "Yawn contagion and empathy in Homo sapiens". In: PLoS ONE. 6(12): e2847
Provine RR, et al. (1987). "Yawning: no effect of 3-5% CO2, 100% O2, and exercise". In: Behavioral Neuroscience. 101(6): 756-75
Cómo se pegan los bostezos
A lo largo del día bostezamos una media de 15 veces… Pero, es ¿por aburrimiento? ¿Para oxigenar? ¿Por cansancio? En Ahora o Nunca, el magacín de La 1 de RTVE nos han sacado de dudas desvelando esta y otras curiosidades sobre los bostezos. Por ejemplo, el motivo por el cual se contagian.
¿Por qué bostezamos?
Los bostezos son una inhalación profunda e involuntaria. Suelen durar unos seis segundos y, atención, porque lo hacemos unas 15 veces al día. Incluso, los bebés que aún se están gestando y no saben qué es el aburrimiento, también bostezan.
010 min Desafía tu mente - ¡Alerta de contagio por bostezo!
La sabiduría popular dice que bostezamos por aburrimiento, cansancio o hambre. Y, la ciencia, aún no ha sacado una conclusión clara, pero tiene varias teorías. En Ahora o Nunca han repasado las 3 más extendidas:
Cuál es el secreto de los bostezos
Aunque se asocian al aburrimiento parecen activar el cerebro. Los datos científicos que explican por qué este comportamiento es innato e irresistible.
El bostezo, que se inicia en el feto materno, no es exclusivo del ser humano: ocurre tanto en personas como en algunos animales. Crédito: UNAM.
Cuando Marcelo está cansado, bosteza. Pero también bosteza cuando se despierta después de dormir toda la noche. Al igual que Nicolás, que bosteza cuando está aburrido, pero también cuando está ansioso, hambriento o a punto de comenzar una nueva actividad. Lo curioso es que cuando bosteza Marcelo, inmediatamente también bosteza Magalí, que está a su lado. Y luego, al ver como ella abre su boca de par en par, inspira profundo y lagrimea, inevitablemente, también bosteza Ana.
¿Por qué se contagia el bostezo? ¿Cuál es la naturaleza de este comportamiento innato y contagioso que no requiere de aprendizaje previo?
En diálogo con la Agencia de noticias científicas de la UNQ, Santiago Plano, investigador del Laboratorio de Cronobiología de la UNQ y del Instituto de Investigaciones Biomédicas del Conicet, lo explica así: “El bostezo es un movimiento involuntario que involucra, además de abrir grande la boca y respirar pausado, un estiramiento muscular con extensión de la porción cervical de la columna, un cierre de ojos y lagrimeo”.
Algo característico de este acto es que no se puede bostezar a medias, ya que, como toda pauta fija de acción del organismo, posee una intensidad característica, no se lo puede contener y llega en tandas.
¿Qué pasa en el cuerpo al bostezar? Si bien está relacionado con la fatiga, estudios recientes demostraron que “podría relacionarse con el estrés, el peligro y también con algunas enfermedades”. Al bostezar se expande y contrae el seno maxilar, ubicado en los pómulos, y esto bombea sangre al cerebro. “Se cree que esto ayuda no solo a suministrarle oxígeno y nutrientes al cerebro sino, además a enfriarlo, favore un correcto funcionamiento y una mejor respuesta ante estresores”.
En cadena y por empatía
Existen diversas investigaciones donde se demuestra una correlación entre una capacidad básica para la empatía y el fenómeno del contagio de bostezo. Por ejemplo, ciertas personas con dificultades para establecer relaciones interpersonales debido a alguna patología o a una lesión cerebral, no suelen bostezar cuando ven a alguien hacerlo. Pruebas similares se están realizando con enfermos de Alzheimer. Además, todo apunta a que es necesario el desarrollo de ciertas estructuras neuronales, ya que tampoco se produce contagio antes de los dos años de edad.
Podría pensarse que el contagio, que puede darse por solo oír a alguien bostezar o ver una foto de alguien bostezando, ayuda a un grupo a estar sincronizado, poniéndolos en un corto periodo de tiempo en una situación de mayor alerta, o al menos con el cerebro más oxigenado y fresco para actuar ante algún evento.

Al parecer, el efecto contagio se desencadena automáticamente por reflejos primitivos en un área del cerebro responsable de la función motora. Y en él intervienen las llamadas neuronas espejo, relacionadas con la capacidad de sentir empatía hacia otras personas, y también con la de aprender nuevas habilidades mediante la imitación.
Siguiendo esa línea, Plano asegura que “en este contagio pueden estar involucradas las famosas neuronas espejo, que se activan al imitar un movimiento y son responsables de la empatía entre humanos”.
Resistirse es en vano
Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nottingham, en Reino Unido, se comprobó que reprimir un bostezo aumenta las ganas de hacerlo. Para demostrarlo dividieron a los participantes en dos grupos y les mostraron imágenes de varias personas bostezando. A unos les pidieron que actuaran con naturalidad y a los otros que intentaran reprimir las ganas de bostezar. Todos fueron monitorizados para observar las reacciones que se producían en su cerebro, y se contabilizó el número de veces que bostezaban. El resultado fue que los que intentaron frenar los bostezos, no solo sintieron más necesidad de bostezar sino que al final lo hicieron más veces.
Con todo, lo cierto es que todavía no se encontró una explicación definitiva sobre la función que tiene este gesto común que el ser humano comparte con otros mamíferos.
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