Qué pasa si pujo mucho para defecar: consecuencias y cómo evitarlo

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El estreñimiento es un problema común que afecta a entre el 12 y el 20% de la población, especialmente a las mujeres. Sin embargo, forzar la defecación puede tener consecuencias negativas, como la aparición de hemorroides e incluso prolapso rectal.

El prolapso rectal es la eversión total o parcial de la mucosa rectal, que puede ser externa o interna. Entre las causas más comunes están la debilidad del suelo pélvico y el esfuerzo al ir a defecar.

Los síntomas del prolapso rectal, como explica la Dra. Sol Villar, cirujana general y digestiva de CMED experta en problemas coloproctológicos, son una tumoración blanca y de aspecto mucosa que sale por el ano que puede dar lugar a manchas mucosas de aspecto sanguinolento en el caso del prolapso rectal externo.

Cuando hablamos de prolapso rectal interno se produce una obstrucción que por la que el paciente tiene problemas para defecar o sensación de evacuación incompleta (tenesmo).

El prolapso rectal puede confundirse con hemorroides encarceladas, patologías que el paciente no puede diferenciar, por lo que es fundamental acudir a un especialista.

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Cómo pujar para defecar: postura correcta y cuidado del suelo pélvico

Las enfermedades uroginecológicas y sexuales producto de las alteraciones musculares del periné han ganado visibilidad en los últimos años. En parte, gracias al testimonio transmitido por mujeres populares y de éxito en su profesión como las actrices Kate Winslet y Whoopi Goldberg, o la cantante Katy Perry.

Hasta hace poco —y aún ahora en algunos sectores de población— se ignoraba y silenciaba la sintomatología femenina relacionada con la incontinencia de orina y/o gases, las molestias durante las relaciones sexuales o alteraciones corporales como los prolapsos.

Sin embargo, en los últimos tiempos ha aumentado la sensibilidad hacia estos problemas y muchas mujeres son conscientes de que se trata de patologías o síntomas tratables y curables.

Eso no es óbice para que siga siendo necesario informar y sensibilizar a la población sobre la importancia de la prevención desde la juventud.

Así se conseguirá que las mujeres detecten precozmente alteraciones menores, que se reduzca la incidencia y prevalencia de estas patologías y, en definitiva, aumentar la calidad de vida de las mismas.

Además de reducir gastos al sistema sanitario.

Control del periné

En primer lugar, es necesario que las mujeres sean conscientes de que su periné, como cualquier otro grupo muscular, debiera ser contraído y relajado a demanda.

Que esta posibilidad esté presente es indicativa de que la representación en el esquema corporal de la musculatura perineal está conservada.

A efectos prácticos, una comprobación sencilla de este fenómeno es que, al contraer voluntariamente el periné, no deberíamos sentir cambios de tensión en los glúteos, los aductores (zona interna de los muslos) y/o el abdomen.

En estas zonas se sitúan los tres grandes grupos musculares que suelen actuar como "parásitos" de la contracción perineal.

Parásitos porque no deberían activarse, ya que realmente no aumentan la continencia pero engañan a la persona haciéndole sentir que sí está contrayendo su musculatura adecuadamente.

Hábitos diarios para un suelo pélvico saludable

En el día a día, es muy recomendable sensibilizar sobre la importancia de adecuados hábitos de higiene miccional.

El primero y más sencillo consiste en respetar la "llamada miccional". Es decir, acudir a evacuar cuando se siente la necesidad sin relegarlo hasta que no se aguante más.

Y una vez respetada esa llamada, la micción debe ser pasiva y completa: no hay que hacer fuerza activa para evacuar y hay que esperar a que se complete el vaciado de la vejiga.

Además, tampoco es aconsejable el "stop-pipí" o stop-test.

Esta técnica consiste en la interrupción voluntaria del chorro miccional para reanudarlo de nuevo pasados unos segundos.

Este procedimiento, pensado para entrenar la fuerza perineal, altera la secuencia de reflejos definidos por Mahony basados en el automatismo.

Es decir, la repetición continuada de esta técnica altera la secuencia de acciones musculares, nerviosas y de automatismos que suceden de forma natural durante la micción.

Por tanto, podría ser causante y agravante de procesos de incontinencia urinaria e hiperactividad vesical.

La postura correcta de defecación

Otros hábitos diarios relevantes tienen que ver con la defecación.

Para una correcta defecación es necesario que exista una flexión de caderas superior a 90º. O lo que es lo mismo, las rodillas deben estar más elevadas que las caderas.

En esta posición la musculatura encargada de la continencia fecal se relaja y no es necesario hacer tanta fuerza para defecar.

Si una mujer defeca en una posición biomecánicamente incorrecta o padece de forma crónica estreñimiento, se verá obligada a realizar un esfuerzo excesivo.

Esta fuerza adicional provoca aumentos de la presión intraabdominal nocivos.

Ocurre porque, al aumentar la presión dentro del abdomen, esta fuerza comprime las vísceras pélvicas (intestinos, útero, vagina y vejiga, fundamentalmente) hacia abajo.

El desplazamiento hacia los pies empuja al suelo pélvico que, progresivamente, se deforma y debilita cada vez más.

Para evitar los efectos negativos de convivir con estreñimiento, es necesario interiorizar que las pautas nutricionales saludables también forman parte de la prevención de patologías uroginecológicas y sexuales.

Concretamente, minimizar el consumo de alimentos ultraprocesados, consumir alimentos ricos en fibra en abundancia, y mantener un adecuado aporte de agua.

Algo parecido sucede, aunque a menor escala, durante los episodios de tos.

En este caso, los aumentos de presión intraabdominal son menores y más breves.

Pero, ante casos de patología respiratoria crónica, la repetición es mucho más frecuente a lo largo del día y puede tener secuelas.

Factores de riesgo modificables para el suelo pélvico

Otro factor de riesgo modificable es la presencia de obesidad abdominal que aumenta la presión (por el propio peso de la masa grasa) sobre el diafragma pélvico.

El tabaquismo también se relaciona con mayor incidencia de alteraciones en el suelo pélvico porque las sustancia tóxicas que contiene facilitan la degeneración del tejido conjuntivo o fascial.

Este tipo de tejido representa más del 70% de las células que conforman el periné. Si, aún manteniendo un buen nivel de fuerza muscular, la fascia y ligamentos de la zona no realizan adecuadamente su función, pueden desarrollarse patologías.

Suelo pélvico y embarazo

Finalmente, es de especial importancia la prevención de alteraciones durante el embarazo y postparto.

El embarazo, por sí mismo, finalice o no en parto vaginal, representa un factor de riesgo para el desarrollo de patologías relacionadas con el suelo pélvico.

La sobrecarga ponderal (el peso) de la barriga sobre el periné lo debilita progresivamente a lo largo de la gestación.

Además, este proceso suele finalizar con la enorme sobresolicitación estructural de la zona que implica la dilatación para el nacimiento del bebé.

A lo que se suma el riesgo de lesión implícito al parto en postura de litotomía (boca arriba), al uso de instrumental médico como fórceps y ventosas, intervenciones como la episiotomía o al desarrollo espontáneo de complicaciones como los desgarros musculares.

Para minimizar la incidencia de estos problemas y reducir su gravedad debieran implantarse de forma generalizada los programas de acompañamiento y preparación física al embarazo y al parto.

La participación activa de fisioterapeutas especializados en obstetricia ofrece a las mujeres embarazadas:

  • Orientación en cuanto a la actividad deportiva y ejercicio físico durante el embarazo y postparto.
  • Evaluación y prevención perineal pre y post parto.
  • Información y herramientas físicas de utilidad durante el parto: posturas de dilatación y parto, técnica de pujos y modalidades respiratorias.
  • Tratamiento de la patología dolorosa obstétrica de síndromes inespecíficos como lumbalgias, lumbociatalgias, dorsalgias y calambres en piernas, tan frecuentes durante el embarazo y la cuarentena.
  • Terapia manual y normalización pélvica pre y posparto.

Como se ha podido observar, los hábitos diarios y métodos de prevención son numerosos y tienen un gran impacto a largo plazo sobre el desarrollo de patologías relacionadas con el suelo pélvico.

Por tanto, es necesario diseminar esta información y que las instituciones sanitarias hagan un gran esfuerzo de divulgación y sensibilización para aumentar la calidad de vida de las mujeres.

Qué pasa si aguanto mucho las ganas de defecar: un tránsito lento puede ser perjudicial

¿Con qué frecuencia debemos defecar? Si buscas en google esta pregunta, es probable que encuentres una respuesta del tipo de tres veces al día a una vez cada tres días.

Pero esto deja espacio para una variación sustancial. La verdadera respuesta es: cuando sientas la necesidad.

De hecho, posponer habitualmente las ganas de evacuar y ralentizar el "tiempo de tránsito" intestinal puede estar asociado con un mayor riesgo de problemas como cáncer de intestino, diverticulosis (pequeñas bolsas del revestimiento del intestino que sobresalen a través de la pared intestinal), hemorroides y fisuras anales y prolapso.

Es por eso que la regla de oro de la gastroenterología es prestar siempre atención a la "llamada a defecar" cuando se presenta la urgencia.

El estímulo de la comida

A principios del siglo XX, los fisiólogos determinaron que ingerir alimentos era un poderoso estímulo para abrir los intestinos y se refirieron a esto como el reflejo gastrocólico.

Suele ser más potente después de un ayuno y, por lo tanto, después del desayuno.

que pasa si hago mucha fuerza para defecar - Qué pasa si aguanto mucho las ganas de defecar

Los bebés generalmente vacían sus intestinos cuando se presenta la necesidad. Sin embargo, tan pronto como podemos tomar decisiones por nosotros mismos, alrededor de la misma edad en que comenzamos a caminar, aprendemos a suprimir esta urgencia.

Aprender a controlar los intestinos es un paso importante en el desarrollo, pero algunos de nosotros lo llevamos demasiado lejos; descubrimos que a veces podemos hacer que este impulso desaparezca temporalmente si lo ignoramos por un tiempo, porque ahora no parece un momento conveniente.

Pero la supresión habitual de este impulso puede estar asociada con síntomas que incluyen:

  • estreñimiento
  • dolor abdominal
  • hábitos intestinales variables e impredecibles
  • hinchazón
  • gases
  • tránsito más lento de la materia a través de nuestros intestinos.

Conoce tu tránsito intestinal

Probablemente sabemos con qué frecuencia vamos al baño, pero no muchos de nosotros somos conscientes de nuestro "tiempo de tránsito intestinal completo".

En otras palabras, cuánto tardan los residuos de los alimentos que ingieres en salir por el otro extremo.

Este tiempo de tránsito es importante porque tener problemas de urgencia (una necesidad repentina y frenética de hacer caca), diarrea y estreñimiento pueden ser signos de un tránsito lento.

Hay una forma sencilla de medirlo: traga un puñado de granos de maíz dulce crudos y luego busca los granos amarillos en tu materia fecal.

¿Cuánto tiempo deberían tardar en aparecer? Debería ser entre ocho y 24 horas.

Tránsito más lento: consecuencias para la salud

Nadie está diciendo que debes vaciar tus intestinos donde y cuando quieras. Pero adquirir el hábito de posponerlo significa que los residuos de los alimentos que ingieres permanecen en tu cuerpo más tiempo del que deberían.

Tu tiempo de tránsito se alarga y tu calidad de vida se deteriora.

En promedio, producimos unas seis toneladas de materia fecal a lo largo de nuestra vida, compuesta de agua, bacterias, materia nitrogenada, carbohidratos, materia vegetal no digerida y lípidos (grasas).

Cuanto más tiempo permanezca esta mezcla de cosas dentro de nosotros, más propensa será a la fermentación y la descomposición.

Esto produce no solo gases, sino también sustancias químicas conocidas como metabolitos, que luego se ponen en contacto con el revestimiento del intestino y pueden absorberse.

Los riesgos de un tránsito lento

La idea de la autointoxicación del colon no es nueva.

Desde la época de los antiguos griegos, se pensaba que los productos de desecho en el intestino contribuían a un desequilibrio de los cuatro humores corporales (sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema) fundamentales para una buena salud.

Kellogg, parte del movimiento por la sobriedad en Estados Unidos en el siglo XIX, desarrolló cereales para el desayuno para tratar tanto el estreñimiento como la falta de moral, que creían que estaban conectados.

Un tiempo de tránsito más largo se ha relacionado con un mayor riesgo de problemas gastrointestinales significativos, como:

  • cáncer colorrectal
  • pólipos colónicos
  • diverticulosis
  • cálculos biliares
  • hemorroides.

El interés reciente en el microbioma también ha relacionado la disbiosis (o cambios en las bacterias que viven en nuestros intestinos) con el tránsito lento.

Por lo tanto, el tránsito lento también puede estar asociado con una gama más amplia de enfermedades relacionadas con la disbiosis gastrointestinal.

Hábitos saludables para un tránsito intestinal óptimo

Tú puedes mejorar tus hábitos intestinales aumentando la cantidad de fibra y líquidos en tu dieta, haciendo ejercicio regularmente y estando en contacto con tu colon.

Algunas personas incluso utilizan la terapia cognitiva conductual para mejorar la función intestinal.

Pero lo más importante es que, cuando tu colon te lo pide, lo debes escuchar.

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