El síndrome colestásico se caracteriza por un defecto en la excreción de bilis, lo que puede provocar una serie de síntomas y signos clínicos, como prurito (picazón intensa) e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos), así como alteraciones bioquímicas como la elevación de la fosfatasa alcalina (FA) (1).
Se distingue entre colestasis intrahepática y colestasis extrahepática, según la localización de la alteración del flujo biliar. La primera se produce cuando la obstrucción se sitúa en cualquier punto entre el citoplasma de los hepatocitos y los conductos biliares de mediano calibre (100-400 µm), mientras que la segunda se caracteriza por una obstrucción en los conductos biliares grandes, generalmente debido a litiasis (cálculos biliares) o a tumores pancreatobiliares, incluidos ampulomas o adenopatías hiliares (1).
- Cómo se diagnostica la colestasis
- Qué significa patrón colestásico
- Causas de Colestasis Intrahepática
- Sospecha Clínica de Colestasis
- Actitud Diagnóstica Ante una Enfermedad Colestásica
- Manejo Terapéutico de la Colestasis
- Tratamiento del Prurito
- Tratamiento de la Malabsorción
- Tratamiento de la Osteopenia y de Vitaminas Liposolubles
- Tratamiento de la Osteopenia
- Alteración del Metabolismo de los LÃpidos
- Tratamiento del Fallo Hepatocelular
- Tratamiento de la Astenia
- Tratamientos EspecÃficos de los SÃndromes Colestásicos Más Frecuentes
Cómo se diagnostica la colestasis
El médico sospecha de colestasis cuando la persona presenta ictericia y se esfuerza por determinar si la causa es intrahepática o extrahepática en función de los síntomas y los resultados de la exploración física. El uso reciente de fármacos que pueden producir colestasis sugiere una causa intrahepática. La presencia de pequeños vasos sanguíneos en forma de araña en la piel ( arañas vasculares ), el aumento del tamaño del bazo y la acumulación de líquido dentro del abdomen ( ascitis ) pueden apuntar a una causa hepática.
Por otro lado, ciertas clases de dolor abdominal, como el dolor intermitente en el lado superior derecho del abdomen y algunas veces también en el hombro derecho, así como el aumento de tamaño de la vesícula biliar (detectado durante la exploración física o mediante pruebas de diagnóstico por la imagen), pueden sugerir una causa extrahepática.
En el proceso de diagnóstico, se realizan análisis de sangre para medir los niveles de dos enzimas: la fosfatasa alcalina y la gamma-glutamil-transpeptidasa. Ambas están muy elevadas en pacientes con colestasis. Sin embargo, si el nivel de la fosfatasa alcalina es muy alto, pero el de la gamma-glutamil transpeptidasa es normal, es probable que la causa del alto nivel de fosfatasa alcalina no se deba a la colestasis. La cantidad de bilirrubina en sangre, medida mediante un análisis, indica la gravedad de la colestasis pero no su causa.
Si los resultados de los análisis de sangre son anormales, casi siempre se realizan pruebas de diagnóstico por la imagen, habitualmente una ecografía. A veces, en lugar de o además de la ecografía, se realizan una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN). Si la causa parece estar en el hígado, se lleva a cabo una biopsia hepática, con la que generalmente se establece el diagnóstico.
Si la causa parece ser una obstrucción de las vías biliares, se suelen necesitar imágenes más precisas de estos conductos. Por lo general, se realiza una de las siguientes pruebas:
- Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) : un procedimiento endoscópico que utiliza rayos X para visualizar las vías biliares y el páncreas.
- Colangiografía transparietohepática (CTPH) : un procedimiento que utiliza rayos X para visualizar las vías biliares, pero que se realiza a través de la piel.
- Colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM) : una técnica de imagen que utiliza un campo magnético y ondas de radio para crear imágenes detalladas de las vías biliares y el páncreas.
Qué significa patrón colestásico
Un patrón colestásico en los análisis de sangre se refiere a la presencia de valores elevados de ciertas enzimas hepáticas, como la fosfatasa alcalina y la gamma-glutamil transpeptidasa, junto con niveles elevados de bilirrubina. Estos valores sugieren que la bilis no está fluyendo adecuadamente a través del hígado, lo que puede indicar la presencia de colestasis.
Es importante recordar que un patrón colestásico en los análisis de sangre no significa necesariamente que la persona tenga colestasis. Otras condiciones, como enfermedades hepáticas, problemas en la vesícula biliar o incluso ciertos medicamentos, pueden causar este patrón. Por lo tanto, es crucial que el médico evalúe los resultados de los análisis en el contexto de la historia clínica del paciente, los síntomas que presenta y los resultados de otras pruebas.
Causas de Colestasis Intrahepática
La colestasis intrahepática puede tener diversas causas, que se dividen en varias categorías:
SÃndromes de los Conductos Biliares Evanescentes
Estos sÃndromes se caracterizan por la desaparición de los conductos biliares intrahepáticos, lo que lleva a la colestasis. Algunos de los más frecuentes son:
- Cirrosis biliar primaria (CBP) : Es una enfermedad autoinmune que afecta principalmente a mujeres entre 40 y 65 años. Se caracteriza por inflamación portal, necrosis del epitelio biliar y destrucción de los conductos biliares interlobulares y septales (2). En la mayoría de los casos, se detectan anticuerpos contra un antígeno de la membrana interna de la mitocondria (AMA) .
- Colangitis esclerosante primaria (CEP) : Se trata de un sÃndrome colestásico crónico de etiologÃa desconocida que se caracteriza por la obliteración fibrosa progresiva del árbol biliar, intra y extrahepático. Aparece típicamente en varones, siendo la edad media de 40 años (5). La mayoría de los pacientes tienen una enfermedad inflamatoria intestinal (6).
- Colangitis autoinmune : Describe un grupo específico de pacientes que presentan criterios clínicos y bioquímicos de colestasis e histología compatible con CBP, pero con negatividad de los anticuerpos AMA. En la mayoría de los casos, existen anticuerpos ANA y/o ASMA (7, 8).
- Ductopenia idiopática del adulto : Afecta predominantemente a adultos jóvenes. Se caracteriza por la desaparición de los conductos biliares septales e interlobares en más del 50% de los tractos portales (9, 10).
Otros Cuadros con Alteración de los Conductos Biliares Intrahepáticos
- Rechazo del injerto tras trasplante hepático (12).
- Enfermedad injerto contra huésped (EICH) , donde la diana principal son los conductos biliares de pequeño tamaño (12).
- Linfoma : Aproximadamente un 10% de pacientes con linfoma desarrollan ictericia secundaria a ductopenia y fibrosis periductal (13).
Tóxicos Hepáticos o Trastornos Metabólicos
- Colestasis inducida por fármacos y hormonas : Es frecuente en pacientes de edad avanzada. Los fármacos pueden producir daño hepático, habitualmente mediante un mecanismo inmunoalérgico. En ocasiones, la lesión puede evolucionar hacia la ductopenia, imitando morfológicamente a la CBP (14, 15).
- Colestasis del embarazo : Existen dos tipos de trastornos durante el embarazo asociados a colestasis: la hiperemesis gravídica y la colestasis intrahepática del embarazo (16).
- Nutrición parenteral total : El mecanismo por el que la NPT puede causar colestasis es múltiple: la administración de soluciones concentradas de glucosa y aminoácidos disminuye el flujo biliar; el ayuno disminuye la excreción de ácidos biliares; el sobrecrecimiento bacteriano; y la posible coexistencia de infecciones y toxicidad por fármacos (11).
Infecciones
- Infecciones bacterianas : La prevalencia de colestasis en pacientes con septicemia varía entre el 1 y el 34%. El trastorno puede deberse al efecto de toxinas bacterianas y citoquinas proinflamatorias, que pueden dar lugar a alteración en el transporte de la bilirrubina, disminución del recambio de ácidos biliares, aumento de la permeabilidad biliar y disminución del flujo biliar (1).
Hepatitis
- Hepatitis virales : Se asocian colestasis prolongadas por VHA, VHB y CMV. Hasta un 20% de los pacientes trasplantados por hepatitis crónica B desarrollan colestasis progresiva que evoluciona hacia el fallo hepático, denominado hepatitis colestásica fibrosante (17).
- Hepatitis autoinmune : La colestasis puede ser un rasgo dominante tanto en la hepatitis autoinmune como en la hepatitis alcohólica.
Otras Causas
- Colestasis intrahepática benigna recurrente : Es un trastorno infrecuente caracterizado por episodios repetidos de colestasis, separados por periodos asintomáticos. Entre el 10-15% de los pacientes tienen antecedentes familiares y parece heredarse de forma recesiva (18).
- Infiltración hepática : Algunas enfermedades pueden producir colestasis intrahepática por depósito en el parénquima hepático, o por infiltración tumoral. Un tercio de los pacientes con amiloidosis primaria tienen evidencia clínica o bioquímica de afectación hepática, secundaria a los depósitos de amiloide en las áreas periportales, aunque solo un 5% de los pacientes presenta ictericia marcada (1).
Sospecha Clínica de Colestasis
Los síntomas y signos clínicos y alteraciones bioquímicas de la colestasis derivan de la acumulación de sustancias, habitualmente excretadas en la bilis, en el hígado, sangre y otros tejidos, y de la malabsorción de grasas y vitaminas liposolubles por disminución de ácidos biliares en el intestino delgado. Las colestasis intrahepáticas crónicas pueden manifestarse por la aparición de astenia, prurito, xantomas, diarrea, déficit de vitaminas liposolubles o fracturas vertebrales por osteoporosis (Tabla III). Con el paso de los años suelen evolucionar a cirrosis hepática e insuficiencia hepatocelular (11, 19, 20).
Actitud Diagnóstica Ante una Enfermedad Colestásica
El primer paso en el diagnóstico de una enfermedad colestásica es una correcta historia clínica, recogiendo todos los antecedentes personales y familiares de interés, tratamientos farmacológicos, uso de hierbas medicinales y abuso de alcohol, así como antecedentes epidemiológicos de riesgo para hepatitis virales y antecedentes familiares. Es importante confirmar la alteración en la analítica hepática antes de continuar el proceso diagnóstico (4, 20).
El siguiente paso es la realización de una ecografía abdominal para la exclusión de patología biliar extrahepática. En caso de detectar dilatación de la vía biliar, si la obstrucción de la vía biliar extrahepática es cuestionable o existe baja probabilidad de intervencionismo terapéutico, deberá realizarse una CPRM. Por el contrario, si las posibilidades de terapéutica biliar son altas, se debe completar el estudio mediante CPRE o CTPH.
Si no existen datos de imagen de patología biliar extrahepática, la orientación diagnóstica deberá establecerse en base a la historia clínica. Ante un paciente con situaciones específicas, como embarazo, trasplante hepático o de médula ósea o tratamiento con NPT, se deben sospechar las patologías más frecuentes asociadas a estas circunstancias (11). Si existe consumo de una medicación hepatotóxica, se recomienda la suspensión de la medicación y realizar un control posterior (11). La presencia de arañas vasculares, ascitis e historia de abuso de alcohol, apuntan hacia una hepatitis alcohólica como causa más probable. Los antecedentes epidemiológicos de riesgo para hepatitis virales orientan a este diagnóstico etiológico.
En caso de no existir antecedentes de interés ni datos de imagen de obstrucción biliar, las siguientes investigaciones deberán incluir una bioquímica completa con perfil férrico, cobre, alfa1-antitripsina, serología viral y screening de autoanticuerpos no órgano específicos [antinucleares (ANA), anti músculo liso (ASMA) y antimitocondriales (AMA)] (3).
La existencia de AMA positivos a un título mayor de 1/80 en una mujer de edad media con datos analíticos de colestasis apunta al diagnóstico de CBP. En la mayoría de los casos, el diagnóstico se realiza tras el hallazgo casual de un aumento de la fosfatasa alcalina sérica y/o de anticuerpos antimitocondriales (21). El diagnóstico se basa en los siguientes criterios: a) fosfatasa alcalina sérica elevada al menos dos veces el valor normal; b) presencia de AMA positivos ; y c) biopsia hepática con lesiones ductales biliares floridas (no necesaria si existen datos clínicos/bioquímicos de colestasis y positividad de los AMA en pacientes de mediana edad y sexo femenino) (22).
Si los AMA son negativos, estará indicada la realización de una CPRM o CPRE para descartar la existencia de una CEP (4).
En el caso de colangiografía normal y ANA/ASMA positivos, se debe considerar la biopsia hepática ante la sospecha de colangitis autoinmune o CBP AMA-negativa. Si la colangiografía es patológica, el primer diagnóstico a considerar es el de CEP. La presentación clínica de este cuadro puede variar desde una elevación asintomática de la fosfatasa alcalina sérica, hasta una ictericia colestásica, habitualmente en un varón joven con antecedentes de EIIC. El diagnóstico se basa en los hallazgos de la colangiografía, donde se observan múltiples estenosis de los conductos biliares alternando con segmentos normales, o dilataciones aneurismáticas. La biopsia hepática revela los cambios característicos de esta entidad, escasez de conductos biliares interlobulillares y fibrosis periductal en un tercio de los pacientes, por lo que es menos útil para el diagnóstico (22). Ante una colangiografía patológica, con cambios similares a la CEP, existen otras entidades menos frecuentes que deben ser descartadas clínicamente, como la colangitis esclerosante secundaria o la colangiopatía asociada a sida.
Si durante el estudio, tanto los autoanticuerpos como la colangiografía son negativos, los hallazgos de la biopsia hepática pueden orientarnos hacia una CEP de pequeño ducto o una ductopenia idiopática del adulto. El diagnóstico diferencial incluirá también otros trastornos como hepatitis virales, hepatotoxicidad por fármacos, colestasis intrahepática recurrente benigna o enfermedades sistémicas, como linfoma, sarcoidosis o amiloidosis. Existe una "escala diagnóstica de lesiones hepáticas inducidas por fármacos drogas" (23) de utilidad en el diagnóstico de las lesiones hepáticas de etiología tóxica.
Manejo Terapéutico de la Colestasis
En el tratamiento de la colestasis crónica se debe valorar: a) el tratamiento de las complicaciones asociadas, que incluye la prevención y corrección del prurito, la enfermedad ósea metabólica, la malabsorción, el déficit de vitaminas liposolubles, la hipercolesterolemia y los xantomas; y b) el tratamiento específico de las enfermedades causales, incluyendo el trasplante hepático.
Tratamiento del Prurito
El desconocimiento de la patogenia del prurito ha obstaculizado el desarrollo de un tratamiento uniformemente efectivo. Aunque se ha propuesto que la acumulación cutánea de sales biliares puede ser la causa del prurito (24, 25), su concentración no se correlaciona con la intensidad del prurito (26). También se ha sugerido que la concentración alta de sales biliares en el hígado provoca la rotura de la membrana celular y liberación de componentes pruritogénicos al torrente sanguíneo (27). Por otro lado, cada vez existe mayor evidencia del papel de los opioides endógenos en la patogenia del prurito de la colestasis (28). La serotonina también parece ser un mediador del prurito colestásico, probablemente modulando la acción opioide central (29).
El prurito leve puede responder al tratamiento con colestiramina de 4 a 16 gramos diarios v.o., esta resina de intercambio aniónico, secuestra las sales biliares intestinales e inespecíficamente sustancias pruritogénicas que son eliminadas con las heces interrumpiendo su circulación enterohepática (24). Sus principales efectos secundarios son, estreñimiento, malabsorción de grasas y vitaminas liposolubles e interferencia con la absorción de digoxina, warfarina, propranolol, tiazidas y tiroxina; por lo que esta medicación debe ser administrada 1 hora antes o 4 horas después de la colestiramina.
La rifampicina es un enzimoinductor, aumenta la sulfoxidación de los ácidos biliares y por tanto su eliminación renal, aumenta el metabolismo de sustancias pruritogénicas, compite con los ácidos biliares por la captación hepática y minimiza la toxicidad de los ácidos biliares sobre el hepatocito. Dos estudios controlados han demostrado la mejoría del prurito de la colestasis con rifampicina a dosis de 300-600 mg/día en adultos (30, 31) y un tercer estudio comparativo frente fenobarbital a dosis de 3 mg/kg de peso, que mostró mejoría significativa del prurito. Además, a diferencia del fenobarbital, la rifampicina mejoró la colestasis (32). Los efectos secundarios más frecuentes en tratamientos prolongados con rifampicina, ocurren en el 10% de los casos. Es el fármaco de elección en los pacientes que no responden a la colestiramina, si bien, es necesaria una monitorización de las pruebas de función hepática durante su uso.
El fenobarbital se ha utilizado a dosis única nocturna creciente hasta un máximo de 100 mg. Debido a su efecto sedante, no debe administrarse durante el día ni a pacientes con encefalopatía hepática. Los ensayos clínicos incluyen un número de pacientes pequeño y su eficacia es inferior a la rifampicina (32). Por lo que su uso no se puede recomendar en la actualidad.
El enzimoinductor flumecinol, a dosis de 600 mg/día durante tres semanas ha demostrado un ligero beneficio sobre el placebo en el tratamiento del prurito de la colestasis (33).
Los antagonistas opioides como la naloxona i.v. (0,2 µg/kg/minuto x 24 horas), el nalmefene oral (60-120 mg/día) y la naltrexona oral (50 mg/día) alivian el prurito de la colestasis (30-32). Estos resultados indican que la administración oral de nalmefene puede ser efectiva, si bien no existen ensayos clínicos controlados que confirmen esta posibilidad.
Aunque existen estudios no controlados con pequeño número de pacientes que indican la mejoría del prurito con fototerapia con luz ultravioleta (UV-B), plasmaféresis de gran volumen, el dispositivo MARS (molecular absortion and recirculating system) y andrógenos, como la metil-testosterona, la eficacia de estas modalidades terapéuticas es dudosa y no se recomiendan para el prurito que no responde a los fármacos convencionales.
Se han comunicado con un número muy reducido de casos, mejoría del prurito con ondansetrón, un antagonista serotoninérgico 5-HT3 (37, 38). Recientemente, se ha demostrado un efecto superior en el alivio del prurito de la colestasis, aunque muy modesto frente a placebo (39).
El trasplante hepático está indicado en los casos de prurito incapacitante, que no responden a otras medidas, produce una rápida resolución del prurito y cura la enfermedad subyacente (17).
Tratamiento de la Malabsorción
La colestasis intensa y prolongada puede originar malabsorción de grasas y de vitaminas liposolubles. Si aparece esteatorrea, se deben restringir las grasas de la dieta a 30 ó 40 g/día. En caso de desnutrición y pérdida de peso, se debe administrar suplementos con TCM, que no requieren sales biliares para su absorción.
Tratamiento de la Osteopenia y de Vitaminas Liposolubles
Las consecuencias clínicas del déficit de vitaminas liposolubles se recogen en la tabla III. En el caso de la vitamina A, se recomienda la administración de 50.000 UI cada 15 días. Es conveniente monitorizar periódicamente sus niveles para prevenir la hipervitaminosis A, que provoca astenia, letargia, molestias abdominales, anorexia, descamación cutánea, alopecia, hipertensión intracraneal y hepatotoxicidad. Se deben administrar a estos pacientes suplementos de calcio (500 mg al día) y vitamina D (266 µg de 25-hidroxi-colecalciferol cada una o dos semanas). Es necesaria una monitorización cuidadosa para comprobar la eficacia del tratamiento y para prevenir la sobredosificación de vitamina-D que produce hipercalcemia e hipercalciuria.
A diferencia de la población pediátrica, solo una minoría de adultos con colestasis y niveles bajos de vitamina-E presentan síndrome neurológico de déficit de vitamina-E, que consiste en neuropatía periférica, degeneración cerebelosa, alteración en los movimientos oculares y retinopatía. Se recomienda administrar vitamina E: 100-200-400 UI/día ante la posibilidad de un beneficio aún no reconocido, sobre todo en pacientes con signos o síntomas neurológicos de etiología incierta.
Un tiempo de protrombina prolongado debido a la malabsorción de vitamina K se corrige con vitamina K s.c. 10 mg/día, x 3 días. Después: suplementos crónicos vía oral. 5-10 mg/día o subcutáneos 10 mg/mes.
Tratamiento de la Osteopenia
Debe realizarse una densitometría cuando se diagnostica una enfermedad colestásica crónica y posteriormente cada dos años. Para preservar la densidad ósea se recomienda la realización de ejercicio regular, exposición moderada a la luz solar, ingerir alimentos ricos en calcio y evitar el tabaco. Si la osteoporosis es evidente, se aconseja tratamiento con bifosfonatos. La administración cíclica de etidronato (400 mg/d durante dos semanas) en periodos de tres meses durante dos años, evita la pérdida de masa ósea en estas pacientes (41), aunque un estudio reciente no ha encontrado mejoría (42). Recientemente, el alendronato, a diferencia del etidronato, produjo un aumento de la densidad mineral ósea en un tratamiento durante 2 años (43).
La osteoporosis severa es indicación de trasplante hepático, incluso en ausencia de fallo hepático. Aunque la osteoporosis puede aumentar durante los primeros 6 meses post-trasplante, mejora considerablemente después (40). El tratamiento hormonal sustitutivo por vía transdérmica también puede prevenir la osteoporosis en las mujeres postmenopáusicas con colestasis (44).
Alteración del Metabolismo de los LÃpidos
La hipercolesterolemia superior a 500 mg/dl, es frecuente en la CBP ; sin embargo, la ateroesclerosis precoz es infrecuente. La dieta y la colestiramina son inefectivas para el tratamiento de la hipercolesterolemia. Dado el potencial hepatotóxico de muchos agentes hipolipemiantes y la falta de secuelas clínicas significativas de la hipercolesterolemia, debe considerarse su empleo en pacientes con colestasis que desarrollan complicaciones como xantomas dolorosos, pero no debe recomendarse de forma rutinaria. La plasmaféresis puede ser necesaria en pacientes con colesterol sérico >000 mg/dl.
Tratamiento del Fallo Hepatocelular
Los pacientes con enfermedades colestásicas avanzadas, en estadio cirrótico, pueden desarrollar síntomas y signos de fallo hepático, como ascitis, peritonitis bacteriana espontánea, encefalopatía hepática y sangrado por varices esofágicas. El manejo es similar al empleado en otras etiologías de fallo hepático.
Tratamiento de la Astenia
Algunos resultados preliminares sugieren que el tratamiento con ondansetrón (4 mg/8 h v.o.) disminuye la astenia en estos pacientes (45). El mecanismo podría estar relacionado con un efecto central en la neurotransmisión serotoninérgica.
Tratamientos EspecÃficos de los SÃndromes Colestásicos Más Frecuentes
Cirrosis Biliar Primaria (CBP)
En el caso de la cirrosis biliar primaria (CBP) se han ensayado los esteroides, la azatioprina, la ciclosporina, el metotrexato, la D-penicilamina, la colchicina, el micofenolato y el bezafibrato, sin que el número de pacientes incluidos sea grande o el beneficio clínico observado sea consistente. La eficacia del ácido ursodeoxicólico (AUDC) se ha estudiado a dosis de 8-15 mg/kg/día por periodos de 3 meses a 5 años en 16 ensayos clínicos controlados, con un total de 422 pacientes. El resultado se ha resumido recientemente en un meta-análisis y una revisión sistemática del grupo Cochrane hepatobiliar (46, 47). No se encontró efecto beneficioso en la mortalidad, OR: 0,94; IC 95% (0,60-1,48), ni en el trasplante hepático, OR 0,83; IC 95% (0,52-1,32) ni sobre ambos, OR: 0,9; IC 95% (0,65-1,26). Tampoco se encontró beneficio sobre el prurito, la astenia, la albúmina sérica ni la protrombina. Sin embargo, se redujo la ascitis, la ictericia, la bilirrubina sérica y las transaminasas. El análisis del subgrupo con enfermedad más avanzada o que recibió tratamiento más prolongado, no varió los resultados. Están en marcha estudios con dosis mayores de AUDC. Dado que este fármaco se asocia con pocos efectos secundarios y posiblemente ejerza un efecto beneficioso sobre la histología y algunos parámetros clínico-analíticos, es el tratamiento actual más utilizado (48).
El trasplante hepático está indicado en los pacientes con CBP con bilirrubina >6 mg/dl, signos de hipertensión portal (ascitis, encefalopatía, hemorragia digestiva) o que desarrollan hepatocarcinoma (40).
Colangitis Esclerosante Primaria (CEP)
El tratamiento de la CEP incluye el tratamiento de las complicaciones locales, sépticas de origen biliar (mediante antibióticos ± tratamiento endoscópico) como de los cálculos biliares. Así como el tratamiento con AUDC (10-15 mg/kg/día) que mejora la bioquímica e histología de estos pacientes, aunque no está demostrado que obtengan beneficio clínico ni mejoría de la supervivencia (47). El trasplante hepático está indicado cuando aparecen episodios recurrentes de colangitis bacteriana, además de otras complicaciones como hiperbilirrubinemia persistente, complicaciones de la cirrosis y prurito refractario (40).
Colangitis Autoinmune
En la colangitis autoinmune, el AUDC produce mejoría bioquímica (aunque sin efecto en la supervivencia) (47). Algunos de estos pacientes con colangitis autoinmune, presentan solapamiento con la hepatitis autoinmune, y mejoran bioquÃmicamente con esteroides (solos o con azatioprina). No se han descrito marcadores que distingan los respondedores al AUDC o a la inmunosupresión, por lo que el tratamiento se basa en los hallazgos histológicos (49-53). En casos avanzados existe la opción del trasplante hepático.
Ductopenia Idiopática del Adulto
En cuanto a la ductopenia idiopática del adulto, aunque el AUDC puede mejorar la bioquímica, no existen estudios suficientes para recomendarlo (54).
En el resto de las colestasis hay que instaurar el tratamiento específico, como los inmunosupresores en la EICH y en el rechazo del trasplante hepático, la quimioterapia en la enfermedad de Hodgkin y la retirada del fármaco potencialmente hepatotóxico en las colestasis de origen farmacológico (55).
El síndrome colestásico es una condición que afecta la función hepática, con diversas causas y un rango de síntomas y complicaciones. El diagnóstico temprano es crucial para determinar la causa de la colestasis y establecer el plan de tratamiento adecuado. Desde el control de los síntomas como el prurito, la malabsorción y la osteoporosis, hasta el tratamiento específico de la causa subyacente, incluyendo el trasplante hepático en casos graves, las opciones de manejo son variadas. Es importante consultar con un especialista para obtener un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado.
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