Cómo afrontar la muerte de un ser querido: el duelo y la sanación

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La muerte de un ser querido es una experiencia profundamente dolorosa que puede dejar un vacío inmenso en nuestras vidas. El dolor por la pérdida de alguien importante, como un padre, un hijo, un cónyuge, un amigo cercano o una mascota, puede ser abrumador y generar una amplia gama de emociones, desde la tristeza profunda hasta la ira y la confusión.

El proceso de duelo es único para cada persona, no existe una forma correcta o incorrecta de sentir o reaccionar. Es importante reconocer que el dolor es una respuesta natural a la pérdida, y permitirse experimentar las emociones que surjan, sin juzgarse o tratar de reprimirlas.

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Qué es el duelo?

El duelo es el proceso natural de adaptación a la pérdida de un ser querido. Implica la experiencia de dolor, aflicción, tristeza y una profunda sensación de vacío. Es un proceso complejo que se desarrolla a través de diferentes etapas y se manifiesta en diferentes maneras, tanto física como emocionalmente.

Cómo nos afecta la muerte de un ser querido

La muerte de un ser querido puede afectar nuestra salud mental y física de diversas maneras. Entre las reacciones comunes podemos encontrar:

  • Tristeza profunda: Sensación de vacío y melancolía que puede ser abrumadora.
  • Ira: Enojo por la pérdida, la injusticia de la situación o incluso por sentir culpa.
  • Culpa: Sentimientos de responsabilidad por la muerte o por no haber hecho lo suficiente.
  • Ansiedad: Preocupación por el futuro, por la soledad o por la incertidumbre.
  • Dificultad para dormir: Insomnio o despertares frecuentes durante la noche.
  • Cambios en el apetito: Pérdida de apetito o comer en exceso.
  • Problemas de concentración: Dificultad para concentrarse en el trabajo o en las tareas diarias.
  • Aislamiento social: Retirada de las actividades sociales y de la vida social.
  • Problemas físicos: Dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, etc.

Duelo por la pérdida de una mascota

El duelo no se limita a la muerte de una persona. Para muchos de nosotros, nuestras mascotas son también compañeros cercanos o miembros de la familia. Por eso, cuando muere una mascota, puede experimentar sentimientos similares de aflicción, dolor y pérdida. Al igual que ocurre con el duelo por los seres humanos que queremos, reponerse de la pérdida de un animal de compañía toma tiempo, pero hay formas de sobrellevar su dolor.

Comprensión del dolor de perder a un ser querido

La intensidad de sus sentimientos depende de las circunstancias de la muerte de su ser querido, del tiempo que haya pasado anticipando su pérdida, su relación con la persona y sus experiencias previas de duelo. Cuanto más significativa haya sido esa persona en su vida y más sentimientos haya tenido por ella, mayor será el impacto de su pérdida.

Pérdida del cónyuge o la pareja

Además del impacto emocional del duelo, cuando pierde a un cónyuge o una pareja romántica, con frecuencia tiene que enfrentarse al estrés de cuestiones prácticas como los preparativos del funeral y temas económicos. También es posible que tenga que explicar la muerte de su cónyuge a sus hijos y encontrar una manera de consolarlos al mismo tiempo que lidia con su propia tristeza.

Perder a una pareja romántica también significa sufrir la pérdida de su estilo de vida cotidiano, la pérdida de una historia compartida y la pérdida de un futuro que planearon juntos. Puede sentirse solo, desesperado y preocupado por el futuro.

Pérdida de uno de los padres

Para los niños más pequeños, la pérdida de la madre o el padre puede ser una de las cosas más traumáticas que pueden ocurrir en la infancia. La muerte de la persona en la que confiaba, que le quería incondicionalmente, puede sacudir sus fundamentos y dejar un vacío enorme y aterrador en su entorno.

Incluso para un hijo adulto, perder a uno de sus padres puede ser extremadamente angustioso. Es fácil sentirse perdido y que vuelvan de repente todas esas viejas inseguridades de la infancia.

Pérdida de un hijo

La pérdida de un hijo siempre es devastadora. No solo pierde a la persona que su hijo era, sino también pierde los años de promesas, esperanzas y sueños que tenía por delante. El dolor puede ser más intenso, el proceso de duelo más difícil de superar y el trauma más severo.

Como padre o madre, se siente responsable de la salud y seguridad de su hijo, por lo que el sentimiento de culpa puede ser abrumador. Tanto si perdió a su hijo en un aborto espontáneo, cuando era bebé o después de que creciera y se fuera de casa, la pérdida de un hijo conlleva un peso adicional de injusticia.

Pérdida de un amigo

Las amistades cercanas aportan alegría, comprensión y compañía a nuestras vidas. De hecho, son fundamentales para nuestra salud y bienestar, por lo que no es de extrañar que podamos sentir su pérdida tan profundamente.

Sin embargo, cuando fallece un amigo cercano, es fácil sentirse marginado y que no se le da la misma importancia a la estrechez de su relación que la de un familiar o una pareja sentimental. Esto puede provocar lo que se conoce como duelo marginado, en el que su pérdida se devalúa o se siente juzgado o estigmatizado por sentirla tan profundamente.

Pérdida de una persona por suicidio

La conmoción tras un suicidio puede parecer abrumadora. Además de sufrir la pérdida de su ser querido, también puede tener dificultades para asimilar la naturaleza de su muerte y el estigma que aún puede conllevar el suicidio.

El duelo por su pérdida

Sea cual sea su relación con la persona fallecida, es importante recordar que todos vivimos el duelo de formas diferentes. No existe una única forma de reaccionar.

No se juzgue, ni piense que debería comportarse de otra manera ni intente imponer una duración a su duelo. El duelo por la muerte de una persona toma tiempo.

Permítase sentir. El proceso de duelo y aflicción puede desencadenar muchas emociones intensas e inesperadas. Pero el dolor de su duelo no desaparecerá más rápido si lo ignora. De hecho, intentar hacerlo puede empeorar las cosas a largo plazo.

El duelo no siempre pasa por etapas. Es posible que haya leído sobre las distintas “etapas del duelo”: por lo general, negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin embargo, muchas personas descubren que el duelo tras la muerte de su ser querido no es tan predecible.

Prepárese para los recordatorios dolorosos. Algunos días el dolor de su duelo puede parecer más llevadero que otros. Luego un recordatorio como una foto, una canción o un simple recuerdo puede desencadenar de nuevo una oleada de emociones dolorosas.

Seguir adelante no significa olvidar a su ser querido. Encontrar la manera de seguir adelante con su vida no significa que su dolor haya terminado o que su ser querido vaya a ser olvidado. La mayoría de nosotros llevamos nuestras pérdidas con nosotros durante toda la vida; se convierten en parte de lo que somos.

Busque apoyo

Cuando pierde a un ser querido, es normal que quiera aislarse de los demás y encerrarse en sí mismo. Pero no es el momento de estar solo. Incluso cuando no se sienta capaz de hablar de su pérdida, el simple hecho de estar rodeado de otras personas que se preocupan por usted puede proporcionarle consuelo y ayudarle a aligerar la carga del duelo.

Acercarse a las personas que le quieren también puede ser un primer paso importante en el camino hacia su recuperación. Mientras que algunos amigos y familiares pueden sentirse incómodos con su dolor, muchos otros estarán dispuestos a proporcionarle su apoyo.

Apóyese en familiares y amigos. Incluso las personas más cercanas a usted pueden tener dificultades para saber cómo ayudarle en un momento de duelo, así que no dude en decir a los demás lo que necesita, ya sea ayuda con los preparativos del funeral o simplemente estar cerca para hablar.

Enfóquese en quienes saben escuchar. Cuando sufre la pérdida de un amigo cercano o un familiar, lo más importante es sentirse escuchado por las personas en las que confía. Pero la cruda emoción de su dolor puede hacer que algunas personas se sientan muy incómodas. Esa incomodidad puede hacer que le eviten, le digan cosas desconsideradas o hirientes, o pierdan la paciencia cuando habla de su pérdida.

Únase a un grupo de apoyo para el duelo. Aunque cuente con el apoyo de las personas más cercanas a usted, es posible que la familia y los amigos no siempre conozcan la mejor forma de ayudarle.

Hable con un consejero de duelo. Si tiene dificultades para aceptar su pérdida o siente que su dolor es abrumador, intente hablar con un terapeuta de duelo, en persona o en línea por videoconferencia. Confiar en un especialista puede ayudarle a superar las emociones que pueden ser demasiado difíciles de compartir con su familia o sus amigos, a tratar los problemas no resueltos de la muerte de su ser querido y a encontrar formas más saludables de adaptarse a la vida después de la pérdida.

Busque consuelo en su religión. Si es religioso, los rituales de duelo específicos de su fe pueden proporcionarle consuelo y reunirle con otras personas para compartir su dolor.

El uso de las redes sociales como apoyo en el duelo

Las páginas conmemorativas en Facebook y otras redes sociales se han convertido en una forma popular de informar a un público amplio del fallecimiento de un ser querido y de encontrar apoyo.

Por supuesto, publicar contenido sensible en las redes sociales tiene sus riesgos. Las páginas conmemorativas suelen estar abiertas a cualquiera. Esto puede animar a personas que apenas conocían al fallecido a publicar comentarios o consejos bienintencionados pero inapropiados.

Celebre la vida de su ser querido

Los rituales, como un funeral o un servicio conmemorativo, pueden cumplir funciones importantes al permitirle reconocer y reflexionar sobre el fallecimiento de la persona, recordar su vida y despedirse. Sin embargo, en el periodo posterior al funeral, el dolor puede ser aún más intenso.

Sin embargo, recordar a su ser querido no tiene que terminar con el funeral. Encontrar formas de conmemorar a su ser querido puede ayudar a mantener su memoria y proporcionarle consuelo a medida que avanza en el proceso de duelo.

  • Lleve un diario o escriba una carta a su ser querido.
  • Cree algo conmemorativo.
  • Construya un legado.
  • Siga haciendo cosas que solían hacer juntos.
  • Recuerde a su ser querido de formas sencillas.

Cuídese

Cuando está en duelo por la muerte de un ser querido, es fácil descuidar su propia salud y bienestar. Pero el estrés, el trauma y las emociones intensas que está sobrellevando en este momento pueden repercutir en su sistema inmunitario, afectar su dieta y sueño, y tener un gran impacto en su salud mental y física general.

Descuidar su bienestar puede incluso prolongar el proceso de duelo y hacerle más susceptible a la depresión o a un duelo complicado.

  • Controle el estrés.
  • Pase tiempo en la naturaleza.
  • Busque aficiones que enriquezcan su vida.
  • Coma y duerma bien.
  • Evite el consumo de alcohol y drogas para sobrellevar la situación.

Cuando el dolor del duelo no disminuye

Es posible que nunca supere realmente la muerte de un ser querido. Pero a medida que pasa el tiempo, es normal que las emociones difíciles, como la tristeza o el enojo, vayan disminuyendo poco a poco conforme empieza a aceptar su pérdida y a seguir adelante con su vida.

Sin embargo, si con el tiempo no se siente mejor o su dolor empeora, puede ser señal de que su duelo se ha convertido en un problema más grave, como un duelo complicado o una depresión grave.

Duelo vs. depresión

Distinguir entre duelo y depresión no siempre es fácil, ya que comparten muchos síntomas, pero hay formas de diferenciarlos:

  • El duelo puede ser una montaña rusa. Involucra una amplia variedad de emociones y una mezcla de días buenos y malos. Incluso cuando esté en medio del proceso de duelo, seguirá teniendo momentos de placer o felicidad.
  • En cambio, con la depresión los sentimientos de vacío y desesperación son constantes.

Otros síntomas que sugieren depresión, no solo duelo, incluyen:

  • Sentimiento de culpa intenso y dominante.
  • Pensamientos de suicidio u obsesión con la muerte.
  • Sentimientos de desesperanza o inutilidad.
  • Habla y movimientos corporales lentos.
  • Incapacidad para funcionar en casa, el trabajo o la escuela.
  • Ver o escuchar cosas que no existen.

¿Qué es el duelo complicado?

Aunque la tristeza de perder a su ser querido nunca desaparece por completo, no debería seguir siendo el centro de todo. Si el dolor de la pérdida es tan constante y grave que le impide reanudar su vida, puede estar sufriendo una afección conocida como duelo complicado o trastorno de duelo complejo persistente.

El duelo complicado es como estar atrapado en un intenso estado de duelo. Puede tener dificultades para aceptar la muerte mucho tiempo después de que ocurrió o estar tan obsesionado con la persona que murió que altere su rutina diaria y dañe sus otras relaciones.

Los síntomas de un duelo complicado incluyen:

la muerte de un ser querido - Cuando un ser querido muere, reflexiones

  • Deseo y anhelo intensos por su ser querido fallecido.
  • Pensamientos invasivos o imágenes de la persona.
  • Negación de la muerte o sensación de incredulidad.
  • Imaginar que su ser querido está vivo.
  • Buscar a la persona fallecida en lugares familiares.
  • Evitar cosas que le recuerden a su ser querido.
  • Ira o amargura extrema por su pérdida.
  • Sensación de que la vida está vacía o carece de sentido.

Duelo complicado y trauma

Si la muerte de su ser querido fue repentina, violenta o extremadamente estresante o perturbadora, el duelo complicado puede manifestarse como un trauma psicológico o un TEPT (PTSD, por sus siglas en inglés).

El trauma por la pérdida de un ser querido puede hacer que se sienta impotente y luchando con emociones inquietantes, recuerdos y ansiedad que no desaparecen. Pero con la orientación adecuada, puede hacer cambios para reponerse y seguir adelante con su vida.

Cómo encontrar ayuda profesional

Si está experimentando síntomas de duelo complicado, trauma o depresión clínica, hable con un especialista en salud mental de inmediato. Si no se tratan, estos trastornos pueden provocar daños emocionales importantes, problemas de salud potencialmente mortales e incluso el suicidio. Pero el tratamiento puede ayudarle a mejorar.

Comuníquese con un consejero o terapeuta de duelo si usted:

  • Siente que no vale la pena vivir.
  • Desearía haber muerto con su ser querido.
  • Se culpa por la pérdida o por no haberla evitado.
  • Se siente insensible y se desconecta durante más de unas semanas.
  • Tiene dificultades para confiar en los demás desde su pérdida.
  • Es incapaz de realizar sus actividades diarias normales.

Cómo interpretar la muerte de un ser querido

Sobrellevar con la pérdida de un amigo cercano o un familiar podría ser uno de los mayores retos que podemos enfrentar.

la muerte de un ser querido - Cómo interpretar la muerte de un ser querido

Todos reaccionamos de forma diferente a la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos para sobrellevar con el dolor que ésta conlleva. Las investigaciones indican que el paso del tiempo les permite a la mayoría de las personas recuperarse de la pérdida si pueda contar con apoyo de su entorno social y mantenga hábitos saludables.

Si tomamos en cuenta que la mayoría de nosotros puede superar la pérdida y continuar con nuestras vidas, nos damos cuenta de que los seres humanos, por naturaleza, tenemos una gran capacidad de resiliencia.

Pero algunas personas lidian con el duelo por más tiempo y se sienten incapaces de llevar a cabo sus actividades cotidianas. Estas personas podrían pasar por lo que se conoce como duelo complicado y les podría beneficiar la ayuda de un profesional de salud mental calificado como un psicólogo que se especialice en el duelo.

Cómo continuar con la vida

Superar la pérdida de un amigo cercano o algún familiar toma tiempo, pero las investigaciones nos sugieren que esto puede ayudar a alcanzar un renovado sentido de propósito y dirección en la vida.

A las personas que están pasando por el duelo podrían resultarles útiles algunas de estas estrategias para lidiar con su pérdida:

  • Hable sobre la muerte de su ser querido con amigos y colegas para poder comprender qué ha sucedido y recordar a su amigo o familiar.
  • Acepte sus sentimientos. Después de la muerte de alguien cercano, se puede experimentar todo tipo de emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento.
  • Cuídese a usted y a su familia. Comer bien, hacer ejercicio y descansarse le ayudará a superar cada día y a seguir adelante.
  • Ayude a otras personas que también lidian con la pérdida. Al ayudar a los demás, se sentirá mejor usted también. Compartir anécdotas sobre los difuntos puede ayudar a todos a lidiar con la pérdida.
  • Rememore y celebre la vida de su ser querido. Usted puede hacer un donativo a la entidad benéfica predilecta del difunto, enmarcar fotos de momentos felices que vivieron juntos, ponerle su nombre a un nuevo bebé o plantar un jardín en su memoria. La elección es suya — sólo usted sabe cuál es la forma más significativa a su mismo de honrar esa relación única.

Si siente que sus emociones le abruman o que no puede superarlas, quizás hablar con un profesional de salud mental calificado como un psicólogo le podría ayudar a lidiar con sus sentimientos y recuperar el rumbo para salir adelante.

Cómo pueden ayudarle los psicólogos

Los psicólogos reciben una formación que les permite ayudar a las personas a manejar de forma más productiva el temor, el sentimiento de culpa o la ansiedad que puede venir como resultado de la muerte de algún ser querido.

El apoyo de un psicólogo le podría ayudar a desarrollar resiliencia y a buscar estrategias para superar la tristeza. Los psicólogos usan una variedad de tratamientos con base empírica — comúnmente la psicoterapia — para ayudar a las personas a mejorar sus vidas.

Cuando un ser querido muere, reflexiones

No existen palabras para calmar el alma cuando un ser querido se va, pero podemos cambiar un poco nuestra perspectiva sobre la muerte para evitar el sufrimiento. Tememos lo que no conocemos, pero la fe en un Dios bueno y misericordioso junto a la certeza de un entorno nuevo luego de la vida nos brindará la paz.

Diferentes creencias religiosas definen la muerte y su viaje de diferentes formas, pero al final la mayoría cree en una continuación luego de la vida. “En la casa de mi padre existen muchas mansiones”, decía Jesús. Somos alma, cuerpo y razón (mente, logos) decía Aristóteles; en consenso somos almas revestidas de un cuerpo temporero con fecha de expiración. Todos somos viajeros en el tiempo, pero algunos se adelantan. Nacemos en grupos junto a unos acuerdos de amor para aprender lecciones que se quedan en la tierra, pero que se van en nuestro corazón al Cielo. Los que se van, son compañeros de viaje que adelantaron su vuelo de regreso a casa, dejando atrás los roles y personajes temporales de la tierra para convertirse en seres de luz y amor; seres sin tiempo ni edad. Se debe festejar más la partida que la llegada, sin embargo el pensar que solo existe este entorno material o que hay un juicio severo al otro lado, nos angustia, pero la muerte física es una continuación, un regreso y una oportunidad para seguir creciendo en la unidad con Dios, conocido como salvación (etimología que significa sanar, unido, entero, íntegro, no dividido). Existe un proceso cristiano del oriente no muy conocido al que se le llama Teósis: que es crecer en la semejanza y en la divinidad de Dios.

La muerte es solo un pequeño paso en el proceso de unión y semejanza de Dios.

Los que sueñan con sus seres queridos los ven alerta, sanos y con el cuerpo joven en su mejor momento, quizás con un cuerpo transfigurado (de luz según la experiencia de Jesús en el Monte de Tabor.

Ni la muerte ni la enfermedad son castigos de Dios, sino que son Ley de la vida en este plano material de existencia. Los árboles no sufren al dejar ir sus hojas, ni la mariposa su capullo, son parte de la naturaleza y de los ciclos de la vida.

La mayor angustia de los que temen a la muerte, es el miedo a la condenación.

Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Observaciones

Hablando con personas que han tenido pérdidas, puedo ver que cuando alguien se va, Dios usualmente ya nos ha preparado el camino, nunca nos deja desconsolados y si miramos de cerca, dentro de la experiencia de la partida siempre hay un regalo, inlcuyendo la urgencia de vivir. Ser testigo de la mortalidad es como el agua fria en nuestra cara, nos despierta. La mejor manera de honrar a un ser que ha partido es viviendo plenamente nuestra propia vida en la tierra, en el ahora. El fin de la vida es crecer para lograr a llegar a ser “nosotros mismos”, cuando nuestro ser externo, ese que mostramos al entorno es un auténtico reflejo del interior.

La personalidad que mostramos al entorno, con errores y aciertos se queda en esta Tierra, es fútil apegarnos a logros, personas y posesiones.

El Espíritu en nosotros, es literalmente Dios en nosotros. La meta es como decía Juan el Bautista, ser menos, para que Dios sea más en nosotros. Es por esta razón, que necesitamos perdonar, y hacer una diferencia entre un alma y sus acciones en la tierra. El alma es luz, mientras que el cuerpo, la personalidad y el ego son temporeros y sujetos a los vaivenes de este entorno. Nuestros aparentes talentos son préstamos, ajustados a la lección de vida asignada en la tierra, es mejor utilizarlos para bien.

Para evitar el sufrimiento, se da el amor y el perdón total en vida, para que en la partida, el mal sabor de lo que pensamos que no se dió, no se ahogue en lagrimas de angustia. Pero, nunca es tarde, porque las almas siempre pueden escuchar un perdón, o una sincera conversación en cualquier momento; estamos conectados por lazos de amor, pero también por lazos de desesperación y angustia; es mejor liberarse mutuamente.

Es posible que cuando sea nuestro turno algunos de los seres queridos o amigos que se han ido, nos escorten desde la entrada de la puerta terrenal hasta las delicias del Cielo. Las conversaciones que comunmente escuchamos tener a un moribundo con sus familiares fallecidos, con Jesús y los ángeles no siempre son ilusiones ni resultado de la morfina sino experiencias del más allá que se repiten en varias culturas.

Sentir tristeza es algo natural y temporal que sana eventualmente, y aunque el sentido de la pérdida de un ser querido jamás se va, el sufrir indefinidamente, y enterrarnos con el que se ha ido, o perpetuar promesas impagables, va en contra de la naturaleza del amor y de la vida.

Pasemos más tiempo con los vivos.

Algunos equivocadamente piensan que el dolor y la angustia, mantendrán a nuestro lado al ser que ha partido. En cierta manera es cierto, pero en lo negativo, ya que nuestro apego puede atrasarlos en su viaje; les carga el alma y nuestra tristeza no podrá cambiar lo ocurrido. Igualmente a veces el sufrir viene por pensar que algo pudiéramos haber hecho para evitar la muerte o retrasarla, pero todavía nadie ha podido robar suspiros al tiempo, cada cual tiene su hora.

Hoy recuerda a los seres que se fueron con amor, los rituales de cada religión nos calman y conectan a la esperanza, al consuelo y al amor de Dios.

Si te da paz enciéndele alguna vela. Hablar de sus historias es la mejor terapia, escribe una carta pidiendo perdón o perdona; expresa con un pensamiento aquello que no se llegó a decir en vida. Haz un proyecto de ayuda en su nombre, tus acciones buenas en la tierra, repercuten con todos los seres de tu cuadro familiar, vivos o muertos. Ellos te escuchan, no están lejos, sólo están detrás de un velo, el cual pasaremos para re-encontrarlos.

Velas, flores, o una cena compartida con amigos y familiares recordando al que se fue, es perfecto. Recuerda que la oración igualmente eleva el alma. El duelo tiene su tiempo y no puede acelerarse.

La oración a Dios es como una luz de bengala enviada al cielo, que siempre nos responde con un bálsamo de paz para calmar el alma, es inexplicable, pero sucede; pedir a Dios.

Hoy da las gracias por el tiempo pasado con ese ser querido que partió, haya vivido poco o mucho el tiempo es un regalo y cuando es corto a veces se valora más, por eso agradecer por los que están a nuestro lado. La vida es fugaz como la llama de las velas, por eso es importante vivir hoy, porque la vida es un regalo, pero la muerte también lo es porque es el principio de la vida eterna con Dios. La eternidad no es un largo tiempo, sino que es un estado donde ya no hay tiempo, como diría Agustín de Hipona

Dejar ir a los que han partido; viviendo nosotros el presente es el mejor regalo. Ya no podemos darles cosas físicas, pero nuestra paz y dicha junto con nuestras oraciones por su alma, son el mejor regalo y lo único que puedes dar a alguien que partió.

La muerte sólo es la vida detrás de la vida. La muerte es solo la nueva vida cuando se levanta el velo.

“Hoy entrego esta alma a Dios y doy gracias, hoy en su nombre voy a vivir mi más alta expresión en la tierra. Ya nos veremos pronto en el cielo, pero por ahora voy a vivir plenamente el tiempo que me queda en la tierra. ”

Al otro lado del velo, los que han partido no están sólos, y no importa sus errores terrenales, son recibidos por sus propios seres queridos y maestros que se han adelantado. Muchos tienen un encuentro con las elecciones y vivencias de su vida junto al ser espiritual con quien encontraron refugio en vida; según la cultura ésta experiencia puede presentarse diferente. Esto no es es en forma de juicio para condenación eterna, sino de lecciones aprendidas, por las elecciones no tomadas y también las tomadas.

Cuerpo nuevo

Somos alma y al dejar el cuerpo perecedero volvemos a la vida. En realidad morir es vivir, es regresar a nuestra naturaleza. Como comentamos, muchos familiares al perder un ser querido de edad avanzada o enfermo, los ven en sueños como si estuviera jovenes, o completamente sanos, por ejemplo, caminando si era inválido. El cuerpo que recibimos al otro lado, es de luz, ya no se enferma y adapta nuestra conciencia; nos veremos como en el mejor momento.

En algunas religiones la comunicación con los seres que se van está prohibida, pero en el catolicismo del Oriente se tratan a los santos como si nos escucharan. Los rezos y oraciones diarias, igualmente dan luz al que se fue por varias semanas luego de la muerte.

Es natural sentir las emociones profundamente y pasar por el duelo, de hecho es importante para nuestra sanación. Lo que no es natural ni beneficioso para el alma del que partió, ni para la nuestra, es el aferrarnos al ser que ya se fue; esto sería la negación de un orden. El sufrir, que es el resistir la muerte, viene de no aceptar.

La intensidad del sufrimiento, no logrará cambiar la realidad de la partida, pero afectará nuestra calidad de vida.

Es importante honrar a nuestros seres queridos pero no podemos morir con el que se ha ido, ni tampoco sufrir indefinidamente apegados a su vida antes de la partida, para algunos esto puede convertirse incluso en una puerta de escape, para no enfrentar su propia vida y así evitar vivir su propia realidad.

…sus días están determinados, el número de sus meses te es conocido, y has fijado sus límites para que no puedas pasarlos. Job

Honramos al que se va por medio del perdón, y del recuerdo de los buenos momentos.

Si lo vemos de la perspectiva de que somos almas eternas cumpliendo ciclos y que para vivir en este planeta tuvimos que adoptar un traje temporero con fecha de expiración, un traje terrenal cuya naturaleza es impermanente y perecedera, tendremos la oportunidad de sentir paz y vivir plenamente.

Resistir la muerte, es como si un pez resistiera el mar o las aves el viento.

Para llegar a hacer la paz con el concepto de la muerte, primeramente debemos internalizar que es completamente natural dejar este plano en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. La muerte no se puede forzar, no se puede predecir, tampoco se puede provocar; esto sería una violación de las leyes y el orden. No hay nada que puedas hacer para evitarla cuando llega el momento, entonces por qué angustiarnos.

Cuando experimentes una pérdida, mira a tu alrededor, agradece y no des la espalda a quienes todavía están a tu lado.

Cómo vencer el miedo a la muerte

El que teme a la muerte, igual le teme a la vida.

Necesitamos saber morir, para poder vivir. El mayor miedo es el miedo a morir, Perder el miedo a la muerte ocurre cuando se vive en la certeza de que la eternidad nos pertenece, esto se logra por medio de una profunda fe, que es a su vez la consecuencia de la conexión con Dios. Eternidad no es un largo tiempo, sino un lugar sin tiempo decía San Agustín de Hipona. Un presente eterno.

La solución es dar prioridad al trabajo espiritual diario en nuestras vidas para por medio de nuestra conexión con Dios, es lo que comparto en el libro Los ciclos del alma, una tutorial que ayuda a crear la fortaleza espiritual necesaria para enfrentar cualquier perdida terrenal, que es parte de nuestra experiencia natural e inevitable y nos incluye a todos, desde las células hasta las galaxias; se llama “evolución.” No ayuda creer en un Dios que impone condenas eternas, este es el mayor motivo del miedo colectivo impuesto por nuestras creencias. Dios nos da gracia eterna, especialmente cuando vamos hacia un estado que no es un largo tiempo sino uno donde ya no existe el tiempo.

En nuestra tradición de Oriente también creemos que todas las almas entran a un estado de eterno viaje hacia el Creador, no hay castigos, sino escuelas.

Debemos estar preparados, no esperar lo peor, ni vivir temiendo y pensando en la muerte constantemente, eso es obsesión y no te dejará disfrutar de la vida, sino estar conscientes de que es lo natural y elegir actuar con consciencia en el presente. Vivir, no con miedo sino con la urgencia de que nada podemos dejar para más tarde. No dejar nada por hacer, ni nada por decir. Si se vive en consciencia, en amor y en perdón, sabiendo que existe un Dios que te protege, esto es la clave de vivir en paz y sin miedo a la muerte, pues siempre estaremos listos y prevenidos cuando nos llegue o les llegue el momento a nuestros seres queridos, al graduarse de la universidad terrenal.

Muchas veces lo que más interviene en una sanación natural de la separación de la pérdida, es el pensar que por alguna razón somos responsables de la muerte de nuestro ser querido, o que no estuvimos presentes, o hicimos lo suficiente para evitarlo, a veces esta creencia ocurre en el subconsciente y no nos damos cuenta, pero no nos deja vivir en paz. No podemos evitar la muerte de otra persona, y tampoco podemos evitar que se salve cuando a alguien no le toca la hora.

Se dice que los ángeles intervienen a la hora de la muerte, coordinando y preparándonos, algunos mueren cuando justo salen del cuarto, siempre tomando en cuenta lo mejor para que el alma se vaya e paz. Algunos seres queridos y amigos que han partido, son designados a recibir al que se va, no es extraño que digan verlos, o hablen con ellos. Al morir ocurre un momento sublime, las mismas puertas dimesionales del cielo se abren, y algunas personas tienen la sensiblidad de sentirlo, por medio de luces, música o sensaciones.

Para ver los otros días de la Cuaresma, ve a mi Blog.

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